Suleimán es perturbado por los pensamientos de la muerte de Bayaceto.

El sultán Suleimán se encuentra en el cuarto de preparación de su palacio y camina lentamente, logra ver al príncipe Bayaceto sobre una mesa con su cuerpo descubierto y sin vida. El sultán Suleimán rodea la mesa y contempla el cuerpo sin vida del príncipe Bayaceto y sin poder evitarlo comienza a llorar y piensa en estas palabras.

“Oh Suleimán ¿No sufriste suficiente dolor y pena? ¿No te quemaste tanto como para perder una vida más? Otra de tus partes morirá, tú pusiste la mano en el fuego, te quemaste y le quitaste el alma a tu alma con tus propias manos. Los años, los espíritus y los fantasmas no te dejaron solo. Las preguntas que no pudiste responder giraron en tu mente una y otra vez, y atormentaron tu alma como un monstruo sin límites en su apetito”.

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El sultán Suleimán que solo estaba bajo una pesadilla, se encuentra desplomado en el suelo de la terraza bajo una fuerte lluvia y sigue pensando “Intentaste lo que pudiste sin éxito, para quitarte esa pesada responsabilidad de tus hombros. Oh Suleimán, vas a poner tu mano en el fuego otra vez y te quemarás, te quemarás nuevamente y perderás una más de tus vidas”.

El sultán Suleimán ha estado muy perturbado desde que se enteró que el príncipe Bayaceto había buscado refugio en tierras enemigas y es que se encuentra en un dilema entre su pensar de gobernante y su pensar de padre, no sabe que hacer y teme que cualquier decisión que tome sea la errónea. El sultan Suleimán teme el perder otro príncipe por orden suya y no quiere ni pensar en que ordenara ejecutar a Bayaceto, pretende traerlo consigo a la capital y limar las perezas entre ambos por su bien y el del imperio.

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