¡Ertugrul y Gundogdu hacen las pases!

Hayme  Ana se encuentra en su tienda, reunida con sus familiares y su amigo más cercano, La matriarca de la tribu se siente abrumada, dolida y avergonzada por todo lo sucedido con la tribu Kayi.  En la reunión en su tienda le dice al grupo que la dejen sola con los hijos de Suleiman Sah. El grupo sin mediar palabras se retira de la tienda dejando sola a Hayme Ana con Ertugrul y Gundogdu.

Hayme Ana que encontraba sentada se levanta y les pide   a sus dos hijos que se acerquen a ella, los dos guerreros cumplen su orden y ella les ordena que le miren sus ojos. La matriarca con voz autoritaria les dice que ella no los crio de esa forma, que si su padre Suleiman Sah estuviera vivo, que creen que hubiese dicho, que creen que diría, que miren todos los problemas que soportaron, todas las cosas malas que superaron.

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Que la tribu Kayi necesita, unidad, unidad y unidad, que hacen ellos pelearse, como le van a ver las caras a las personas. Ertugrul y Gundogdu solo bajan la mirada por la vergüenza que están sintiendo al oír los argumentos de su madre. Hayme Ana les dice que  a partir de ahora si uno de ellos le levanta la mano al otro, ella jamás le dará sus  bendiciones.

Que ni siquiera la bendición de su madre, luego les pregunta si la han escuchado. Ertugrul le indica que si moviendo su cabeza y luego Hayme Ana mira hacia Gundogdu esperando la respuesta de su hijo Gundogdu. Él sin pronunciar palabras también lo afirma. Hayme Ana les dice que se abracen y se perdones. Los hermanos se colocan de frete uno contra el otro y se dicen mutuamente que lo perdone, dándose un fuerte abrazo entre ellos. Luego los hermanos besan la mano de su madre.

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